La muerte de un hijo se siente injusta y fuera de orden. Con él se van también los planes y sueños que teníamos para su futuro. Muchos padres sienten además culpa, como si hubieran fallado en protegerlo. Ese dolor es el reflejo de cuánto lo amaban.
Lo que puede estar pasando
Cambios en el apetito y el sueño, llanto, irritabilidad, distancia con la pareja o la sensación de sentir su presencia. Aunque asuste, todo esto es parte del duelo.
Algunas cosas que ayudan
- No tapar el dolor con alcohol u otras sustancias: solo lo alarga.
- Hablar con alguien de confianza o escribir lo que sientes.
- Aceptar la ayuda de quienes se acercan, aunque no sean los que esperabas.
- Cuidar tu salud, por ti y por tu familia.
- Recordar su vida, no solo su muerte: un álbum, una carta, sus lugares favoritos.
Con el tiempo, date permiso para volver a sonreír. El amor que se tuvieron no se termina.